La gestión de conflictos en la práctica de la enfermería
Como enfermera titulada, usted envuelta en conflictos a diario de diversas formas, por ejemplo, con un paciente o cliente, con la familia de un paciente o cliente, con un compañero de profesión, con un supervisor, con un subordinado, usted sanitario que prescribe usted, con miembros del equipo interprofesional e incluso consigo misma. Como enfermeras tituladas, nuestra función se lleva a cabo junto a otras personas y a través de ellas, por lo que la probabilidad de enfrentarnos a conflictos es elevada. Los conflictos pueden evitarse, gestionarse de forma inadecuada o gestionarse adecuadamente. Podemos evitar un conflicto ignorándolo, pensando en lo que vamos a decir a continuación, cambiando de tema, etc. Podemos gestionar un conflicto de forma inadecuada insistiendo en que «tenemos razón», culpando a los demás y sin escuchar. Podemos gestionar el conflicto y crecer a partir de la experiencia, lo que conduce a un resultado beneficioso para todas las partes.
La gestión de conflictos ha sido objeto de debate desde hace tiempo entre el personal de enfermería, con diversas opiniones y recomendaciones. Los principios básicos de dichas recomendaciones se centran en una comunicación eficaz y respetuosa, en la franqueza y en la disposición a colaborar. Estas recomendaciones me recuerdan a la teoría de la «ciencia del cuidado» de la Dra. Jean Watson y a sus «Diez procesos de Caritas». Watson hace hincapié en escuchar desde la perspectiva de la otra persona, en lugar de desde nuestra propia perspectiva.
Los procesos de Cáritas de Watson pueden servirnos de principios rectores a los que atenernos en situaciones de conflicto. Los procesos de Cáritas y las palabras clave que pueden aplicarse al conflicto son:
N.º 1: Practique la compasión
N.º 2: Respetarse a uno mismo y a los demás
N.º 4: Establecer relaciones basadas en el amor y la confianza
N.º 5: Fomente y exprese aspectos positivos y negativos
N.º 6: Resolución creativa de problemas, «búsqueda de soluciones»
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Las frases en primera persona también constituyen una recomendación para comunicarse de forma eficaz, mostrando asertividad y respeto. En su libro *Confident Voices*, Beth Boynton sugiere utilizar este método e incorporar detalles específicos propios a la hora de redactar el mensaje:
«Me siento [espacio en blanco] cuando usted[espacio en blanco] porque [espacio en blanco] y me gustaría [espacio en blanco]».
Este enfoque nos permite:
- identificar cómo nos sentimos en una situación
- explique por qué pensamos así
- indicar qué cambio buscamos
Seguir este método nos puede ayudar a crear mensajes que se escuchen con mayor eficacia. Es fundamental redactar el mensaje de forma respetuosa. Si personalizáramos este mensaje con un tono acusatorio, probablemente no serviría de nada.
Por ejemplo, consideremos las tres versiones de las afirmaciones o mensajes para una situación:
Mensaje A: usted me avisa de los cambios y usted el trabajo. Me usted loco.
Mensaje B: Me enfado con usted usted me avisa de cambios importantes, porque entonces no puedo hacer mi trabajo. Quiero usted prioridad número uno sea informarme de los cambios.
Mensaje C: Me siento inquieto y poco preparado cuando no estoy al tanto de cambios cruciales, ya que entonces realizo mi trabajo sin tener en cuenta dichos cambios ni la posible necesidad de adaptarlo. Me gustaría usted me informara de los cambios tan pronto como sea posible.
El mensaje A está redactado desde un punto de vista acusatorio, y la enfermera se limita a expresar emociones y pensamientos sin filtrar. Es poco probable que este mensaje sea escuchado o considerado con detenimiento.
El mensaje B está redactado siguiendo el método de los «mensajes en primera persona», pero tiene un carácter acusatorio. Sigue centrándose en la otra persona y en la acción o inacción «negativa» que ha llevado a cabo. No distingue entre la persona y la acción, por lo que es poco probable que resulte útil.
El mensaje C se redacta utilizando el método de los «mensajes en primera persona», desde un punto de vista respetuoso y asertivo, valorando y respetando a ambas partes y buscando la colaboración.
Ser capaz de abordar los conflictos expresando claramente los propios sentimientos, escuchando los de la otra parte y colaborando puede dar lugar a respuestas constructivas y a resultados beneficiosos para todas las partes. Adoptar este enfoque nos ayudará a nivel personal y nos permitirá servir de ejemplo para los demás. Esto nos recuerda la regla de oro: «Trata a los demás como usted que te trataran a usted».
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